domingo, 19 de mayo de 2013




TODO SOBRE MI MADRE

Gabon amig@s!
Se acaba la semana, y empieza otra, por suerte. Ojala sea mejor que la anterior para todos.

Hoy, antes de anda, tengo que deciros que he ido a comer a casa de mis suegros, como casi todos los domingos, y que es una costumbre que voy a tener que dejar, por que cocinan tan bien, que llegará el día en que yo reventaré, por que es un no parar. Al tiempo.

El post de hoy. Ya os he dicho en alguna ocasión que mi madre es mundial. Esta como hecha de otra pasta, no se, un mundo paralelo.

Ahora os cuento.

Volvíamos de vacaciones. Habíamos estado aquí y nos íbamos a Bilbo, a la rutina y al día a día. Mi madre tenía unas gafas de sol de esas de pasta, de las que te ocupan toda la cara y parte de la espalda (hablamos de hace 20 y pico) marrones, con patillas metálicas haciendo dibujo. Un cuadro. Casi estoy segura que si busco en casa, se donde están. Tengo que hablar con Silveira.

El caso es que durante el trayecto, se rompe el cristal de las gafas. Bueno, no se rompe, se cae uno de los cristales, intacto. Mi vieja lo intena poner, pero no se adapta por que le debe de faltar algo. Bien.

Pensaréis que se quitó las gafas y las guardó, pues no. Siguió de copiloto con un cristal sí y otro no. Y aún así veía genial. Mi madre es de las que dice: por aquí, por aquí, pero sin señalar. Con lo cual, por aquí puede ser cualquier sitio.

Esto sería una anécdota más si no fuera por lo que os voy a contar ahora.
Seguimos camino a Bilbo, con tan mala suerte que en Palencia pinchamos. Bajamos del coche, miramos la rueda y entre todos la cambiamos. Por cierto, yo en aquel entonces fumaba, y le dije a mi madre: voy a ver si puedo hacer pis en aquellos matojos, me fume un cigarro tan rápido que me mareaba como en una borrachera de licor 43, y para acabar (que yo soy más lista que el hambre) me meto entre pecho y espalda un chicle de menta, para que mis padres no me notasen el olor, y me ardía hasta el alma, cosas de adolescente lista.

Bueno que se me va el cuento. Arreglamos la rueda y dice mi padre: tenemos que ir a un taller a arreglar  la rueda, no vaya a ser que pinchemos otra vez. Y ahí vamos. Y baja mi madre del coche con las gafas de sol. Con un cristal sí y otro no. Y el tipo del taller a cuadros. Y yo mirando si había una rueda de camión para irme rodando a Bilbo, y mi vieja que seguía con su historia de arreglar la rueda, tipo película de Almodóvar, ella en el papel de Txus Lampreabe, y el del taller diciendo que si y aguantando el tipo, y mi madre con que le corría prisa.. Ahora entenderéis el por que de que a mí me pasen tantas cosas. Es genético, el destino… no sé… Y a los que os pregunteís, mi madre llegó Bilbo con las gafas si/no puestas, y más ancha que pancha.

 Y por hoy se acaba todo. Antes de nada, aunque ya he hablado con ella por teléfono, quiero dedicarle miles de felicidades a mi cuñada Pakita, que sé que me lee y que se lo pasa muy bien, y hasta mañana, bikos y muxus de corazón. Gracias por leerme!

1 comentario:

  1. Si es que de casta le viene al galgo! Eres la mejor Isa, de verdad! Mi marido cuando vamos en coche también es de los que dicen por aquí, por allá, y no le preguntes, que encima dice que está claro!, jodete! todos los viajes son una odisea, parecemos los ropper, que no se sí te suenan pero eran un matrimonio mayor de una serie inglesa que eran de chiste, nosotros igual. Pero lo tuyo es mucho más fuerte, te imagino dentro de 20 años y veo a tus hijas muertas de verguenza y a nosotras muertas de risa!
    Voy a la cama, que mañana hay que bajar a la playa. Besossssssssss

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